Siempre ahí, aunque no los veas

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No hay partido en Can Misses sin ellos. No llevan dorsal, ni se sientan en el banquillo, pero forman parte de cada partido como el césped, el balón o el aliento de la afición. Están en los accesos, repartidos por la grada, observando con calma, atentos a todo. Son los voluntarios de Protección Civil, y sin hacer ruido, hacen que todo funcione un poco mejor.

Llegan temprano, antes de que el estadio empiece a latir. Caminan, saludan, revisan, se colocan en sus puntos. No buscan protagonismo. Solo estar donde toca. Su trabajo es sencillo de explicar, pero no tan fácil de hacer: cuidar. Y hacerlo sin molestar, sin imponerse, con esa mezcla de cercanía y autoridad tranquila que da la experiencia.

A veces su intervención es mínima: un acompañamiento, una ayuda, una mirada que evita un problema. Otras veces tienen que actuar rápido. Porque en una grada llena puede pasar de todo: un desvanecimiento, un susto, un mal paso bajando las escaleras. Y ahí están. Sin pedir permiso, sin perder tiempo.

Lo hacen sin cobrar, sin que nadie les aplauda, sin más recompensa que saber que han hecho lo correcto. Eso, en los tiempos que corren, ya dice mucho.

Verlos en cada partido da seguridad. No porque estén en medio, sino porque están alrededor. Porque sabes que si algo pasa, hay alguien preparado para ayudarte. Son parte del tejido que sostiene el fútbol desde fuera del campo. Como los que pintan las líneas, los que abren las puertas, los que montan la megafonía. Todos ellos hacen posible que lo que pasa dentro tenga sentido.

Y cuando el partido acaba y la gente se marcha, ellos siguen un rato más. Comprobando que todo quede en orden, que nadie se haya quedado atrás, que el estadio respire en paz.

Puede que no los recuerdes al salir del estadio. Pero si alguna vez los necesitas, te alegrarás de que estén ahí.

Porque lo están. Siempre.

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